Hoy me puse a reflexionar sobre lo importante que es en la vida tener un oído que nos escuche y un corazón que nos comprenda.
Las situaciones a veces nos apremian y nos agobian tanto que sentimos que no podemos más. Es entonces cuando como un manantial de agua fresca, tener a alguien a nuestro lado con el oído y el corazón prestos, nos puede hacer tanto bien que hasta en algunos casos nos puede librar de una decisión drástica. "Las palabras son fuente de malentendidos" dice en EL PRINCIPITO pero, así como pueden ser fatales y lacerar el alma, pueden ser un bálsamo, que alivia. Tenemos que ser cuidadosos en lo que decimos porque parte de la salud y la armonía del ser está en la paz del corazón, cuando hablamos, cuando nos desahogamos, aliviamos el stress, y mucha de la carga negativa sale de nosotros, y se quita presión de nuestra mente. Cuando escuchamos al otro, es importante hacerlo no solo con el oído sino con el corazón para que lo que salga de nuestra boca edifique, eleve, mejore, sane el dolor del otro, no decirle lo que quiere escuchar ni lo que nos parece decirle, sino lo que el corazón, con amor nos dicta para que esa persona sienta que en verdad entendemos lo que le pasa.
No nos quedemos con dolor, angustia y pesares adentro, es necesario exteriorizar tanto el miedo, como la ira, y el dolor para que no se conviertan en una bomba de tiempo en nuestro torrente sanguíneo, presión arterial, corazón, células etc. pero no descarguemos todo ese caudal de emociones contra otro, sino que en caso de ser enojo o ira, es necesario utilizar técnicas de liberación como yoga, CMR, o visualizaciones en las que podamos, a solas, derramar todo esto sin dirigirlo a una persona a la cual podríamos herir muy profundamente.
Es importante que aprendamos a manejar nuestras emociones para que éstas no nos manejen a nosotros.
Graciela Sutta